Etica de un Abogado Penalista

Martes, 24 Junio   

Épocas en que se instruye la indiferencia, en que la soledad es una industria y el encierro una constante. En que cada uno es una muralla, un foso abierto, un puente derrumbado. En que el sesgo de la desconfianza es un abismo, y el egoísmo su distancia. En que el vacío de ser es apenas percibido en la limosna de la vergüenza. En que cada quien prepara su cinismo para dar razón de sus liviandades. Hipócrita censor que sólo opera como una defensa, ante el ataque moral. Estas son las épocas en que el tema de lo ético es decisivamente lascerante, “voz clamante en el desierto”, tronco que desnuda su centro desgarrado. Épocas en que lo ético tiene definitiva incidencia sobre la vida y la muerte.

La estructura ética puede pensarse como fibra de responsabilidad. Célula social que no proviene del orden, sino de la presencia. El otro como real alteridad, esperante, enfrentado. De algún modo, la conciencia levantada, la ternura suplicante, la mano que se tiende.

A partir del reconocimiento de nuestra intimidad en la exteriorización del otro, se asientan las bases sólidas del necesario respeto, donde se lleva a cabo la construcción y el establecimiento de lo que entendemos por nobleza.

Así, la ética no constituye un código de formas de acercamiento, sino que está conformado medularmente por el contacto, el vínculo, vigas y señales de todo compromiso cierto.

Por lo dicho, la ética no queda sólo estatuída por un deber ser abstracto, añadido a las relaciones particulares como materia aneja, sino que tiene su rigurosa afirmación en el trazo de los rostros.

Debemos deslindar aquello que pertenece al actuar humano como tal, esto es, como insersión de un complejo causal determinado a partir de un acto exteriorizado de la voluntad, al que nos acercamos a través de los signos tangibles del mundo real (representación); del fundamento normativo que estatuye en su consecuencia y que es inmanente a su propósito (sentido). De este modo, cada accionar supondrá la afirmación de un postulado de caracter normativo, cuyo valor debe estudiarse en el plexo integral de su manifestación.

Así, un movimiento de la voluntad supone el esclarecimiento de un carácter y de una asersión, que en lo concreto es la interrogación posible; en lo genérico, el postulado asertivo; y en lo absoluto, la norma de principio. Luego, el valor queda afirmado como la verdad de tal movimiento.