El Arte de la Abogacia Phoenix

Martes, 8 Julio   

No es abogado quien no tiene una delicada percepción artística.
Algunos tienen como elementos de expresión la aritmética, la química o el dibujo lineal, nosotros usamos la palabra escrita y hablada, es decir, la más noble , la más elevada y artística manifestación del pensamiento. No existe antagonismo entre el Arte y la Abogacía.

El abogado debe tener inexcusablemente:

A) una revista jurídica de su país y otra extranjera.
B) Una mitad - según las aficiones - de todos cuantos libros jurídicos se publiquen en su país.
C) Unos cuantos libros de novela, versos, historia, crónica, crítica, sociología y política.

Las novelas y los versos los recomendé porque son la gimnástica del sentimiento y del lenguaje. Son para que el abogado amplíe el horizonte ideal y mantenga viva la renovada flexibilidad del lenguaje.

Un abogado debe ubicar los libros como articulo de primera necesidad y dedicar a su adquisición un cinco, un cuatro o un tres porciento de lo que se gane, aunque para ello sea preciso privarse de otras cosas. Y si el abogado no puede alcanzar ni aún ese límite mínimo, que no ejerza. La abogacía es profesión de señores y, a la manera que el derecho dé sufragio, debe estar vedada a los mendigos. No se eche esto a cuenta de un orgullo mortificante, sino a la de una rudimentaria dignidad. Que diríamos de un médico que no tiene estetoscopio para auscultar. Pues apliquemos la alusión al abogado y tratémosle de igual manera.