Defender a quien no quiere defenderse Hartford

Martes, 17 Junio   

Acusado de agredir sexualmente a una niña de diez años,tras salir en libertad después de una condena de 46 años de prisión por haber violado y asesinado a otra. El Ministerio Fiscal pide 15 años de prisión, y la acusación particular 24 años.

El caso, que ha tenido cierta repercusión en la prensa, especialmente en la de Canarias (debido a la alarma causada por el asesinato anterior), resulta particularmente peliagudo ya que el propio acusado, en la primera jornada de juicio, reconoció el delito, se definió como «un peligro público número 1 en la calle», solicitó permanecer en la cárcel y ha llegado a solicitar su castración química mediante carta al juzgado.

No es habitual que el acusado de un delito sexual reconozca los hechos, exija permanecer en prisión y que no se apliquen atenuantes ni eximentes de su responsabilidad penal. Precisamente este aspecto, la aplicación de atenuantes por enajenación mental, alcoholismo, etc., es el camino elegido por la defensa en un principio.

Aquí está la cuestión. El acusado no quiere alegar nada a su favor, pero toda persona a quien se imputa un delito tiene el derecho constitucional e irrenunciable a la defensa. Cabe preguntarse si el letrado del acusado tiene la obligación deontológica de plantear atenuantes, si cree que concurren en el caso, aún contra la voluntad de su defendido.