miércoles, 18 julio 2018

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Abogado Penalista

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Al fin, se presiente, es decir, alguien nos llama. Hay un sitio en donde encontrarnos finalmente. Después de la lucha, del hambre, la sed y el sacrificio. Un tiempo en el que vernos los rostros verdaderos. Con toda su crudeza delicada. Aquí, allá, el viento subterráneo, las aguas viejas, arrastran hojarascas, areniscas lacerantes, las cenizas y las flores acamadas.

 

abogaciaLas nubes, en el aire de la noche, jirones que desgarra una Luna desvaída. En momentos, así puede ocurrir un milagro. Esto es, un enfrentarse con las formas puras. La ruindad, del pretendido progreso, aquí declina. Se postra ante la desnudez del dolor o de la vida.


Épocas en que se instruye la indiferencia, en que la soledad es una industria y el encierro una constante. En que cada uno es una muralla, un foso abierto, un puente derrumbado. En que el sesgo de la desconfianza es un abismo, y el egoísmo su distancia. En que el vacío, de ser es apenas percibido en la limosna de la vergüenza. En que cada quien prepara su cinismo para dar razón de sus liviandades. Hipócrita censor que sólo opera como una defensa, ante el ataque moral. Estas son las épocas en que el tema de lo ético, es decisivamente lacerante, "voz clamante en el desierto", tronco que desnuda su centro desgarrado. Épocas en que lo ético tiene definitiva incidencia sobre la vida y la muerte. La estructura, ética puede pensarse como fibra de responsabilidad.


Célula social que no proviene del orden, sino de la presencia. El otro como real alteridad, enfrentado. De algún modo, la conciencia levantada, la ternura suplicante, la mano que se tiende.


A partir del reconocimiento de nuestra intimidad en la exteriorización del otro, se asientan las bases sólidas del necesario respeto, donde se lleva a cabo la construcción y el establecimiento de lo que entendemos por nobleza. Así, la ética no constituye un código de formas de acercamiento, sino que está conformado medularmente por el contacto, el vínculo, vigas y señales de todo compromiso cierto.


Por lo dicho, la ética no queda sólo estatuida por un deber ser abstracto, añadido a las relaciones particulares como materia aneja, sino que tiene su rigurosa afirmación en el trazo de los rostros.

 
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